sábado, 26 de noviembre de 2016

Obras maestras de la arquitectura: El Templete de San Pedro in Montorio


Cualquier aficionado a la arquitectura que visite la ciudad de Roma para disfrutar de sus calles y edificios desde la antigüedad romana hasta la actualidad, no puede dejar de visitar una de las obras maestras de la Historia del Arte. Es un edificio pequeño que no se encuentra en la calle sino dentro del claustro del monasterio de San Pietro in Montorio al que se accede desde fuera. Se encuentra en el Ianicolo uno de los montes de la Ciudad Eterna donde se dice fue martirizado el santo. Fue patrocinado por los Reyes Católicos cuyos escudos se encuentran en el interior. La construcción y el diseño se pueden datar entre 1501 y 1510, y se pueden considerar el ejemplo más perfecto de la arquitectura renacentista del cinquecento, encargadas al arquitecto, Donato Bramante.


La elección de la planta centralizada no fue arbitraria por cuanto se relaciona con aquellos edificios, los martyria, destinados a conmemorar la muerte de un santo. Igualmente es el prototipo geométrico, el círculo, el que mejor expresa la tradición grecorromana según la idea de Vitruvio. Las proporciones humanas se inscriben en él y expresan de la mejor manera, la armonía del Universo. Por tanto, cielo y tierra, se conjugan especialmente bien en este edificio. También, el arquitecto, hace un uso preciso y profundamente clásico de los órdenes y los elementos arquitectónicos. El edificio se compone de una cella, de unos 4,5 metros de diámetro, rodeado de un peristilo de 16 columnas de orden toscano, sobre un podio que reposa a su vez en una escalera.


Las columnas sostienen un friso de triglifos y metopas decorados con relieves que aluden a los intrumentos del martirio de San Pedro y objetos de la liturgia cristiana. El conjunto se remata con una balaustrada que da paso al tambor que sostiene una cúpula nervada, caracterizado por nichos donde se irían a colocar estatuas. En todo el hermoso edificio se percibe el más alto nivel de las claves estéticas de la arquitectura clásica, proporción, armonía entre los elementos y belleza, donde la volumetría del peristilo da paso a un ritmo peculiar de las pilastras adosadas, las ventanas y las tres puertas adinteladas de la cella. El visitante al entrar se encuentra con dos altares, uno en el piso principal y otro en la cripta, a la cual se accede por una escalera en la parte trasera.


El Tempietto era una parte del diseño creado por Bramante porque tenía la intención de remodelar todo el patio del monasterio, que hubiera extendido el trazado circular a todo el espacio. Su prestigio como arquitecto que experimentaba dentro de las proporciones clásicas, le llevó a recibir el encargo del papa, Julio II de construir la nueva basílica de San Pedro del Vaticano en 1506.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Robert Capa en color

Espectadores en Longchamp, 1952
El Círculo de Bellas Artes de Madrid organiza la exposición, CAPA EN COLOR, sobre la obra del famoso fotoperiodista, con este tipo de película que él empezó a utilizar en 1938, pero con mayor asiduidad desde 1941. Hasta ese momento las guerras y la fotografía artística había sido en blanco y negro. El color era más caro y el revelado más lento lo que dificultaba el trabajo para las revistas. Sin embargo se llegó a acostumbrar a utilizar dos cámaras cada una con un tipo de película distinto. La exposición exhibe unas 150 instantáneas en color y tearsheets de las publicacines, junto con algunos documentos personales.

Picasso en Vallauris, 1948

El espectador puede disfrutar de imágenes en color de la Segunda Guerra Mundial, de las tropas aliadas que llegaban en barco al Norte de África, pero sobre todo, imágenes de un mundo de ocio donde aparecen celebridades de la realeza o del cine, modelos o personalidades de la cultura, o simplemente gente corriente o insólita de distintas partes del mundo. Era lo que pedían ciertas revistas de la posguerra para acercar a los lectores americanos o europeos otras imágenes de la sociedad en que vivían. Dejaba así atrás el reportaje de guerra, aquél que le había dado fama, pero no fue por mucho tiempo cuando se fue a cubrir el conflicto de Indochina, del cual aparecen algunas instantáneas, en los momentos previos a pisar una mina que le causaría su muerte.

Humphrey Bogard y Peter Lorre, Italia, 1953

miércoles, 26 de octubre de 2016

Obras maestras II: El Nacimiento de Venus

Sandro Botticelli, El nacimiento de Venus, 1484
El estudio del Arte del Renacimiento en 3º de ESO, nos permite analizar con más detalle una de sus obras principales donde podemos observar una serie de características esenciales del estilo. El Nacimiento de Venus fue pintada por Sandro Botticelli hacia 1484 con la técnica del temple sobre lienzo. Tradicionalmente se creyó que formaba pareja con La primavera del mismo autor y era un encargo de la familia Médicis, en concreto para Lorenzo di Pierfrancesco, primo de Lorenzo el Magnífico, para adornar Villa di Castello. Hoy no se está seguro de ello, pero lo que si es cierto es que representa las ideas de la filosofía neoplatónica propia del círculo de este mecenas.


Tras su estancia en Roma para pintar en la Capilla Sixtina, Botticelli creó esta obra maestra. Representa la llegada de la diosa a las costas de Citera, Pafos o Chipre, según las fuentes, y no el nacimiento mismo de ella, a pesar del título. Nació entre las aguas del mar de los genitales del dios Urano (el cielo) cortados por su hijo Saturno. La diosa llega a tierra sobre una concha, su símbolo, e impulsada por el viento, representado por la figura del dios Céfiro, abrazado a su consorte, la ninfa Cloris. Le espera para cubrirla con un manto rojo, la ninfa que representa la primavera, que luce una túnica blanca bordada de acianos. Un ceñidor de rosas rodea su cintura, otras vuelan impulsadas por el viento, son la flor sagrada de la diosa. Sobre los hombros luce una guirnalda de mirto, otra de sus plantas propias, símbolo del amor eterno.


La diosa ocupa la posición central con la postura de la escultura antigua de la Venus Púdica en la que se cubre su cuerpo con las manos, ayudadas por sus largos cabellos dorados. Representa un ideal de belleza clásica construido por un modelo en el que resalta un cuello estilizado y un rostro de mirada distante y ensimismada. La tensión y la energía que Botticelli proporciona al dibujo se muestran sobre todo en las manos y los pies. Las cuatro figuras ocupan casi toda la composición en un gran primer plano. Al fondo se pierde la costa recortada y las aguas del mar en perspectiva. La ninfa Primavera está rodeada de un bosque de naranjos y debajo de sus pies florecen anémonas azules.

Sandro Botticelli, Autorretrato, 1475

La diosa Venus no representa el amor carnal, sino más bien la inteligencia pura o el saber supremo. La significación del cuadro está influida por la filosofía neoplatónica tan cultivada en los círculos intelectuales y literarios protegidos por los Médicis. Las referencias erúditas a la mitología clásica y al arte grecorromano son propios de la pintura del Renacimiento. De la misma manera la recuperación de los ideales de la belleza clásica que tienen en la figura del hombre y a la Naturaleza el modelo a imitar. Sandro Botticelli lo hace en esta obra maestra de la pintura que representa el prototipo de la belleza femenino.

domingo, 2 de octubre de 2016

La fotografía de Bruce Davidson

London, 1960

Bruce Davidson es un fotógrafo norteamericano al que la Fundación Mapfre le dedica una retrospectiva, que representa más de cincuenta años de carrera, desde mediados del siglo XX hasta la actualidad. Sus imágenes tratan de represenar la realidad desde una perspectiva humana. Muestra un compromiso ético ante los entornos precarios y vulnerables en los que se desenvuelve la existencia de las personas fotografiadas. Se le puede considerar así como un fotógrafo humanista, que le lleva a documentar los éxitos y los fracasos de lo que se conoce como el sueño americano. El espectador se convierte en un privilegiado al ser testigo de vidas privadas o sumidas en entornos conflictivos a causa de la confianza ganada por el artista con los protagonistas que cooperan con él.


Tiene un estilo peculiar que atiende al detalle con sencillez sin mostrar excesos sentimentales o moralistas. Desarrolla una mirada poética que capta entornos a veces marginales, ausentes en la obra de otros fotógrafos. Trabajó en series que se mantienen a lo largo del tiempo dondo se yuxtaponen imágenes que van conformando en mundo de sus protagonistas. Éstas se encuentran recogidas en la presente exposición, que arranca con la titulada, Los Wall 1955 y termina con Naturaleza de Paris 2005-2006/Naturaleza de Los Ángeles, 2008-2013. Estuvo desde joven en Francia, prueba de ello es la serie, La viuda de Montmartre, 1956. Las series norteamericanas denominadas, El enano, 1958 y Bandas de Brooklyn, 1959, son muy atractivas.

Calle 100 Este, Harlem, Nueva York

En los años sesenta viaja a Europa, Reino Unido, Italia y España, pero en mi opinión las series más interesantes son la que dedica a la luchas por los derechos civiles en ese tiempo, titulada, Tiempo de cambio, 1961-1965 y Calle 100 Este, 1966-1968, que muestra imágenes del llamado Harlem Español. Finalmente destaca el conjunto dedicado al metro de Nueva York, 1980.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Obras maestras de la Phillips Collection

Modigliani, Elena Povolozky, 1917

Desde hace años cuelga en mi casa el cartel de la exposición(1989), que hace tiempo organizó el Centro de Arte Reina Sofía con un conjunto de obras de la Phillips Collection de Washington, que respresentaba el retrato de Elena Povolozky, pintado por Modigliani, todos los días lo contemplo, y ahora este verano, el CaixaForum de Madrid, organiza una muestra de la misma colección, y entre la selección realizada de 60 obras, se incluye ese retrato, la de aquella mujer que financió al artista de origen italiano. La exposición actual con el nombre, IMPRESIONISTAS Y MODERNOS. Obras maestras de la Phillips Collection, reúne, una vez más, como su nombre indica un magnífico conjunto de pinturas de los grandes pintores del siglo XIX y XX.

Degas, Bailarinas en la barra, 1900

Esta riqueza pictórica que permite disfrutar de los mejores autores se debe al mecenazgo y coleccionismo de Duncan Phillips que en 1921 abrió en Washington un museo, el primero que incluiría pintura contemporánea. Este personaje que fue comprando obras año tras año hasta formar el magnífico conjunto que se expone al público, pretendía la creación de un museo íntimo y a la vez un centro de experimentación, es decir, abierto a las propuestas de nuevos autores. De esta manera, mantuvo una relación personal con los autores consagrados, como Pierre Bonnard y Georges Bracque, como otros procedentes del ámbito norteamericano, Georgia O´Keeffe y Arthur G. Dove. Supo en la postguerra mundial descubrir el valor de artistas y estilos del momento, como el expresionismo abstracto, centrado en la figura de Mark Rothko, al que dedicó una sala propia.

Henri Matisse, Interior con cortina egipcia,  1948

La esposición está organizada para mostrar en diferentes secciones la evolución de la pintura moderna desde el siglo XIX hasta la segunda mitad del siglo XX. Entre ellas destacaría las tres primeras secciones, donde están representados los grandes nombres de la historia de la pintura. Sobresale La pequeña bañista de Ingres, las obras de Honoré Daumier y de Courbet, el Autorretrato de Paul Cezanne, las pinturas impresionistas de Claude Monet, Sisley, y sobre todo, de Degas, cuya pintura de bailarinas constituye la imagen de la exposición. En una sección se reúnen las obras de Picasso, de Bracque, Modigliani, Juan Gris, y Henri Matisse, sin duda, uno de los mejores espacios de la muestra. Finaliza la exposición con un grupo de expresionistas abastractos, entre ellos, Rothko, Morris Louis, Pollock y Guston.

Ingres, La pequeña bañista, 1826

miércoles, 31 de agosto de 2016

El V centenario de El Bosco

El Jardín de las Delicias
El Museo del Prado organiza la extraordinaria muestra, EL BOSCO. LA EXPOSICIÓN DEL V CENTENARIO, que reune casi todas las pinturas y dibujos conservados del artista. La institución madrileña era el lugar adecuado para la celebración de la muerte de Jheronimus van Aeken (h. 1450-1516), conocido en España como el Bosco porque en nuestro país se conservan piezas capitales de su producción al ser el rey Felipe II, gran admirador del pintor que llegó a coleccionar un gran número de obras de su mano. El artista vivió y alcanzó fama en su ciudad de nacimiento, ´s-Hertogenbosch, una ciudad al norte del ducado de Brabante, en la actual Holanda.

Las tentaciones de San Antonio Abad
La exposición se divide en siete secciones de carácter temático ante la dificultad de establecer una cronología para cada una de las obras. El Bosco y ´s-Hertogenbosch es la primera de ellas que nos presenta al propio artista con un retrato en grabado de Cornelis Cort y su contexto, las pinturas de la plaza del mercado donde vivió, obras de artistas que trabajaron en la ciudad en aquella época o desarrollaron su labor en esos años, especialmente centrada en el tríptico del Ecce Homo, pintado por el taller de nuestro pintor para Peter van Os, notario y secretario del ayuntamiento, así como miembro de la cofradía de Nuestra Señora donde formaba parte también El Bosco.

La Adoración de los Magos
La segunda sección se titula, La infancia y la vida pública de Cristo, organizada entorno al Tríptico de la Adoración de los Magos, donde una de las claves del autor se manifiesta con claridad al expresar la corriente cristiana de la Devotio Moderna, que trataba de transmitir el mensaje de la imitación de Cristo. La sección más numerosa corresponde a Los santos, entorno a otro gran tríptico el de las Tentaciones de San Antonio, aunque hay otro significativo, el dedicado a santa Wilgefortis, venerada en los Países Bajos. El culto a los santos tiene un gran auge en aquellos tiempos como protectores y ejemplos para el fiel frente a las tentaciones.

Carro de heno
La siguiente sección se titula, Del Paraiso al Infierno, centrada entorno al tríptico, Carro de heno, que se completa con otras obras que tienen estos temas representados en las tablas laterales. El Bosco le da un significado moralizante al presentar al hombre de cualquier clase social dejándose llevar por los bienes materiales y los placeres de los sentidos. Ilustra los ejemplos a evitar para no condenarse eternamente, siguiendo el procedimiento de los exempla contraria, no los ejemplos del bien. La siguiente sección se entiende en la misma línea, la del mal que tienen que evitar los hombres, y se centra en el tríptico de El Jardín de las Delicias, comisionado por Engelbrecht II, conde de Nassau, gobernador de los Países Bajos y consejero de Felipe el Hermoso. También miembro de la cofradía de Nuestra Señora. Representa en el sentido anterior, también el mal en un falso Paraíso, el de la lujuria, cuyos placeres proporcionan una felicidad efímera.

Mesa de los pecados capitales
El mundo y el hombre: Pecados Capitales y obras profanas, constituye la penúltima sección, cuya obra más importante es la Mesa de los pecados capitales, aquellos que debe evitar el ser humano en su camino por la vida. El recorrido finaliza con la sección titulada, La Pasión de Cristo, donde su figura se convierte en referente para el creyente y propiciadora de la oración y la vida ascética. Dos obras destacan, Tríptico con escenas de la Pasión, del Museo de Bellas Artes de Valencia, y Cristo camino del Calvario, del Monasterio de El Escorial. Tras la visita, la obra de El Bosco, muestra un claro mensaje dentro de las corrientes espirituales del cristianismo de finales del siglo XV, un claro desprecio del mundo, al que él aporta una iconografía revolucionaria, que dejará numerosos seguidores e imitadores.

La extracción de la piedra de la locura
Su fama ha llegado hasta la actualidad por dicha iconografía, donde la mayoría de sus claves se han perdido a lo largo del tiempo. Se le comparó con la manera de representar los sueños del movimiento surrealista de comienzos del siglo XX. Hoy perdura como un estilo revolucionario que supo partir de los grandes ejemplos precedentes para romper con una técnica pictórica renovada.

lunes, 29 de agosto de 2016

De Caravaggio a Bernini

Caravaggio, Salomé con la cabeza del Bautista, 1607
En el Palacio Real de Madrid se celebra la magnífica exposición, De Caravaggio a Bernini. Obras maestras del Seicento italiano en las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional. Supone un espléndido recorrido por las distintas escuelas de pintura italiana conservadas en los palacios de la monarquía hispana. Desde el siglo XVII, los reyes aquirieron obras de esa nacionalidad para decoración y por su gusto personal. Los nobles y virreyes sabedores de este favor hacia la pintura les regalaron a su vez pinturas. También los gobernantes de los estados italianos les hicieron regalos como los monarcas de la Casa de Borbón siguieron engrosando las colecciones, destacando Felipe V, Isabel de Farnesio y Carlos IV.

Guido Reni, Conversión de Saulo, 1621

Esta rica muestra se compone de esculturas y pinturas que han sido de nuevo estudiadas y restauradas para la ocasión, lo que ha provocado el cambio de algunas atribuciones. Todas forman un conjunto de primera magnitud ahora accesible para el público y los investigadores, pues muchas de ellas no forman parte del recorrido de la visita pública. Tienen un sobresaliente valor artístico e histórico, y prácticamente la mitad de ellas se muestran al público por primera vez. Están organizadas en cuatro grandes apartados: I. De Bolonia a Roma; II. Caravaggio, de Roma a Nápoles, de Nápoles a España; III. El Cristo Crucificado de Bernini para Felipe IV; y IV. Esplendor barroco. Grandes palas de altar en las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional.

Guercino, Lot y sus hijas, 1617

La escuela napolitana es la más representada en las Colecciones Reales, explicado por el gobierno español de ese trerritorio. Sin embargo, la visita de la exposición, por el cúmulo de obras maestras, nos permite hacernos una idea de la escuela clasicista, la originada en Bolonia, y la escuela naturalista, la que crea Caravaggio, propias del estilo barroco. De la primera tenemos pinturas de Guido Reni, como la extraordinaria, Conversión de Saulo, (1621); del Guercino, Lot y sus hijas, (1617); y Giovanni Lanfranco, Triunfo de un emperador romano con dos reyes prisioneros, terminado en 1633 por encargo de Felipe IV, para el palacio del Buen Retiro.

Velázquez, La túnica de José, hacia 1631

El visitante puede disfrutar también de La túnica de José de Diego Velázquez, que fue pintada al término del primer viaje a Italia junto a la Fragua de Vulcano y que decoraba ese palacio en 1634. Sin duda, en la exposición llama la atención la obra original de Caravaggio, Salomé con la cabeza del Bautista, pintada hacia 1607, en la primera de sus estancias en Nápoles. Se confronta con una pintura de Fede Galizia titulada Judit con la cabeza de Holofernes, que nos destaca lo revolucionario del estilo naturalista del primer maestro. Durante la primera mitad del siglo XVII, la escuela local estuvo dominada por el valenciano José de Ribera, del cual se exponen un conjunto de obras, entre las que sobresale el famoso, Jacob y el rebaño de Labán, una pintura en la que la paleta riberesca se abre a la luminosidad, el colorido y la libertad de pincelada propia de la corriente neoveneciana.

Ribera, Jacob y el rebaño de Labán, 1632

Sus pinturas se confrontan con dos obras del napolitano, Luca Giordano, La burra de Balaam y Job en el muladar, en la que éste emula el estilo del valenciano. De esta forma, continuará su pintura y también será uno de los intérpretes del barroco ilusionista en la decoración al fresco. Su fortuna en nuestro país culminará con su llegada a la corte de Carlos II en 1692, en gran medida para decorar el monasterio de El Escorial. La obra escultórica más importante de la exposición es el Cristo Crucificado de Bernini que Felipe IV encargó para el Panteón Real de ese monasterio, y es la única de su mano para fuera de Italia que llegó a su destino. Un hecho que se produjo hacia 1655, y fue sustituido por un crucifijo de Domenico Guidi, de menor calidad, pero más dramático, siguiendo un modelo de Alessandro Algardi.