jueves, 9 de febrero de 2017

La pintora de naturalezas muertas

Bodegón con gavilán, aves, porcelana y conchas, 1611

El Museo del Prado en colaboración con otras instituciones artísticas belgas, organiza la exposición, EL ARTE DE CLARA PEETERS, la primera dedicada a esta pintora del siglo XVII. El museo madrileño posee cuatro importantes naturalezas muertas de esta autora, lo que le da el prestigio de tener la mayor concentración de su obra. La pequeña exposición que termina el día 19 de este mes de febrero resulta destacada por varios motivos. En primer lugar, por ser de una mujer pintora del siglo XVII, sabiendo las dificultades que tuvieron las mujeres para desarrollar una actividad profesional en aquella época. En segundo lugar, porque nos ayuda a entender el motivo de tales representaciones. Fue, hasta donde se conoce la primera artista en incluir pescados en los bodegones, un tema luego popular.

Bodegón con quesos, almendras y panecilos, 1612

El puerto de Amberes en aquellos años exportaba productos lácteos y pescados, y se importaba sal, distintos tipos de frutas y vino. Es decir la razón de su inclusión en los cuadros de estos productos radicaba en el valor que sus contemporáneos les daban. También la comida era un signo de distinción y se empleaba para transmitir la idea de suntuosidad asociada, en este caso igualmente al empleo de porcelanas de la China o las copas de cristal de Venecia. Por otra parte, las obras de la artista, son del gusto de los coleccionistas por poseer cuadros que representasen la naturaleza con la mayor precisión. 

Bodegón con pescados, vela y alcachofas, 1611

En este sentido, el estilo de la artista es sobrio que trata de captar la apariencia real de las cosas. Por tanto, este estilo realista nos informa de lo avanzado e innovador que era el arte de Clara Peeters en la Europa de esa época.Diríamos también, ella misma como pintora, pues existe una abundancia de autorretratos y firmas en sus obras. Supondría, una afirmación de ella frente a una profesión dominada por los hombres, a la vez que contribuía a incrementar el ilusionismo hacia el espectador.

jueves, 26 de enero de 2017

La intimidad en Renoir

Mujer con sombrilla en un jardín, 1875
Este mes de enero hemos disfrutado todavía de la exposición organizada por el Museo Thyssen titulada, RENOIR. INTIMIDAD, una pequeña retrospectiva compuesta por 78 pinturas del famoso artista francés del grupo impresionista. A través de ocho salas y seis bloques temáticos, el espectador se ha podido hacer una idea, hasta cierto punto diferente de lo que fue su obra. La perspectiva que refuerza la exposición, se centra en mostrarla como próxima al espectador, que te invita a participar en la escena representada, ya sea un paisaje o un retrato. Dicha cercanía supondría el contacto físico, frente a la contemplación visual de Monet. Lo que hacen los personajes representados, a veces, y los deseos que las pinturas despiertan en el espectador. 

El paseo, 1870
Este carácter empático de la pintura de Renoir se relaciona con las interpretaciones conocidas sobre ella que exaltan la alegría de vivir por medio de la representación de escenas amables llenas de sensualidad, un carácter aliado de la empatía, de la necesidad de tocar y de ser tocado. El espectador hace un recorrido, por tanto, en la exposición, entrando en contacto con los ejes temáticos de su pintura. Arranca en la sección titulada, Primeras obras, para llegar pronto al bloque titulado, Impresionismo: lo público y lo privado, que reúne los cuadros que le identifican con el famoso grupo iniciado en 1869, del que hace esa interpretación doble, centrada en el paisaje y en los grupos humanos.

Madame Thurneyssen, 1910
A partir de la Tercera Exposición Impresionista, Renoir, se distanció de los impresionistas para dedicarse al retrato de encargo, especialmente de señoras y niños, buscando el éxito social y comercial. La siguiente sección se denomina Placeres cotidianos, y muestra su pintura de género centrada en la mujer, habitualmente joven, sola o con otras mujeres en un interior, entregada a alguna actividad personal. El artista no se olvida del paisaje, sino que vuelve a él como descanso después de pintar la figura humana, también como esperimentación del color y la pincelada. Son los Paisajes del norte y del sur. 

Ninfa junto al arroyo, 1869-70
Un bloque significativo constituye el enfocado a las personas que conviven con él, La familia y su entorno. Contemplamos los retratos de sus tres hijos varones y de Gabrielle, una de sus modelos. Finalmente, una de los temas centrales de la pintura de Renoir, desde su juventud, el desnudo femenino. El bloque se titula, Bañistas, y reúne un grupo de ellos que nos recuerdan a los grandes maestros de la historia de la pintura, Miguel Ángel, Tiziano y Rubens, por sus formas monumentales, desproporcionadas, de pequeña cabeza y cuerpo grande.  El recorrido culmina con un pequeño espacio donde la perspectiva de análisis de la pintura del artista alcanza una contemplación más perfecta, en el sentido que se puede apreciar con varios sentidos, el olfato, por las fragancias naturales que se pueden oler, el oido por los sonidos allí recogidos, y el tacto, mediante la reproducción en relieve del cuadro, Mujer con sombrilla en un jardín de 1875.

sábado, 14 de enero de 2017

La fotografía de Toni Catany


El Canal de Isabel II organiza la exposición antológica, TONI CATANY. CUANDO IR ERA VOLVER, que reúne un conjunto significativo de la obra del fotógrafo mallorquí, un artista de la imagen premiado en Francia y España. El título de la muestra parece ya significativo de lo que supone la fotografía para él, una experiencia vital, la vida misma. Las idas y venidas de los numerosos viajes que realizó a lo largo de su vida, por una parte, y por otra, de las experimentaciones realizadas, los proyectos y recuerdos recogidos en las imágenes fotográficas. De ahí que el espectador no se extrañe que sus temas favoritos hayan sido: la naturaleza muerta, el retrato, el desnudo y el paisaje. Su fotografía no trata, por tanto, de captar un momento fugaz e instantáneo de la realidad, sino uno estático, a la manera antigua.


El fotógrafo reunía los objetos de sus numerosos viajes, y en su estudio luego los recreaba a modo de pintura, de ahí que se haya hablado de la perspectiva clásica y neopictorialista de su obra. Sin embargo poseé una mirada moderna, en tanto que dichos objetos se descontextualizan para dialogar con el presente. Lo mismo sucede con las técnicas que experimentó. Llegó a emplear el calotipo inventado en 1839 por William Fox Talbot, y otros procedimientos del siglo XIX, como las técnicas más actuales, asociadas a la tecnología digital. Se puede decir que realizó viajes físicos desde el Mediterráneo hasta el resto del mundo, y dentro de su estudio, entre el pasado y el presente. Trató de encontrar el objetivo más elemental del arte, la belleza y la armonía.


Toni Catany en su búsqueda y experiencia artística nos ha dejado numerosas imágenes de aquellos lugares donde se encontraba la belleza, puertas, calles paredes, nichos, a veces con vestimentas caídas, combinando colores o texturas, que comunican sus emociones y sentimientos al espectador. Éstos se encuentran, igualmente, en numerosos retratos de sus gentes convertidos en auténticos objetos artísticos. Así pues, hace emerger el arte de lo cotidiano, de los vínculos que se pueden establecer entre materiales dispares o próximos de su entorno. Su fotografía se resume en una  expresión de la vida y de sí mismo a través de sus sentimientos y obsesiones.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Obras maestras: El entierro del conde de Orgaz


Dentro de la pintura española del siglo XVI destaca la obra del pintor cretense, Domenikos Theotocopoulos, llamado El Greco, que llegó a España desde Italia para trabajar en la decoración de El Escorial, pero su rechazo por parte del rey Felipe II, le hizo trasladarse a Toledo en 1577. Allí tendría un enorme éxito como pintor para la iglesia, como para la clientela privada, adquiriendo una gran fama como retratista. Un prestigio que decaería hasta llevarle al olvido, siendo recuperado de nuevo a principios de siglo XX, hasta la actualidad. Hoy el artista cretense aparece como uno de los grandes de la historia de la pintura española y mundial, perteneciente al ámbito del Manierismo con una actividad intelectual relevante que le hizo practicar y escribir sobre escultura y arquitectura.


Una de sus obras maestras la realizó por encargo de la parroquia de Santo Tomé de Toledo. Es el famoso, Entierro del conde de Orgaz, que representa el milagro por el cual San Esteban y San  Agustín, según la tradición, bajaron del cielo para enterrar personalmente a Gonzalo Ruiz de Toledo, fallecido en 1323, por su vida ejemplar y benefactor de la iglesia. La escena se divide en dos ámbitos, una parte terrenal, la del hecho propiamente dicho, y una que corresponde al cielo. En la terrenal, los personajes principales son los santos con amplias capas pluviales decoradas de escenas pintadas y grandes bordados dorados, que portan el cuerpo muerto del conde vestido de armadura. A la derecha, un sacerdote dirige el responso, que se ha identificado como Andrés Núñez, el párroco que encargó el cuadro. A la izquierda, un niño, que mira al espectador, es el retrato del hijo del pintor, cuya fecha de nacimiento se lee en el papel que le sale del bolsillo.


En segunda fila de la parte inferior se observan un conjunto de retratos de caballeros nobles y monjes. Entre ellos se encontraría, el del propio autor encima de San Esteban. La escena nocturna se ilumina con antorchas. En medio, un ángel asciende al cielo con el alma del conde en sus manos. También, entra en la zona celestial, la parte superior de la cruz procesional. Esta parte celestial presenta personajes a derecha e izquierda de Cristo en majestad del Juicio, en la zona más elevada. Tienen todos ellos diferentes tamaños según las distancias entre las nubes, más numerosos los de la parte derecha, la de san Juan Bautista, de mayor tamaño, entre los que se encuentra el propio rey Felipe II, que los de la izquierda, la de la Virgen María, con san Pedro detrás. Todos ellos forman un conjunto de movimiento intenso que contrasta con la solemnidad estática de la parte terrena.


La pintura es una manifestación del estilo pictórico de El Greco en plena madurez. Se inscribe dentro del Manierismo de finales del siglo XVI. En él se observan las enseñanzas que tuvo en Italia, referidas al color y al dibujo, que él los dotaría de una extraordinaria personalidad. La escena se refiere a un tiempo pasado, doscientos cincuenta años antes, pero con vestiduras de la época y personajes, algunos claramente identificados. Estos personajes principales aparecen ricamente ataviados, destacando la propia armadura del conde, también en el fondo, las cruces que identifican a nobles caballeros. Así, el milagro, aparece completamente descrito, donde la imaginación del artista mezcla realidad social de la época con la espiritualidad atemporal, ejemplaridad moral y poder celestial.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Los dibujos de Ribera

Caballero con hombrecillos, h. 1627-30

El Museo del Prado organiza la exposición, RIBERA. MAESTRO DEL DIBUJO, con motivo de la publicación del primer catálogo razonado completo de los dibujos del artista.  En ella se muestran setenta obras: cincuenta y dos dibujos, así como pinturas y estampas. José de Ribera, el Españoleto, desarrolló toda su obra en la ciudad de Nápoles hasta su muerte en 1652, pero se formaría en Roma donde llegó en 1606 como pintor caravagista y como dibujante con una vertiente académica. Fue un gran dibujante del que se conocen ciento sesenta dibujos. La exposición está dividida en once espacios dispuestos con un criterio cronológico y temático: José de Ribera; El artista joven; En la década de 1620; Santos y Mártires; Dioses y Héroes; Castigo y Tortura; Los años prodigiosos 1634-37; Cabezas; Maestro del dibujo; En la ciudad y en el campo; Extrañas fantasias; Últimos dibujos.

Sansón y Dalila, h. 1624-26

A diferencia de otros pintores caravaggistas, que pintaban directamente sobre la tela, Ribera daba tal importancia al dibujo, que muchos ejemplos de su mano son obras de arte en sí mismas, otros fueron diseños preparatorios para lienzos, o para ser grabados y utilizarse en su escuela de dibujo donde los futuros artistas trabajaban al natural. Ribera se considera, por tanto, un auténtico maestro del dibujo, que tomaba muchas de sus ideas de lo que la realidad le ofrecía. Si se observan las obras de la exposición, se puede considerar la evolución de su estilo. Un primer momento sería de formación en la escultura clásica, siguiendo el modelo académico romano, de hecho llegaría a ser académico en 1613. En la década de 1620, los dibujos a sanguina tienen una alto nivel de acabado y delicadeza. 

Apolo y Marsias, 1637

La plenitud de su madurez artística coincide en Nápoles con el virreinato del VI conde de Monterrey (1631-37), cuando ejecuta un grupo de dibujos preparatorios relacionados con los encargos pictóricos para la iglesia de las Agustinas Recoletas de Salamanca. En los años finales, su mano es menos segura y emplea más la aguada. Ningún artista napolitano o español coetáneo trató temas tan diversos como Ribera. Aproximadamente la mitad de los dibujos de su mano son de tema religioso, especialmente santos penitentes o en el momento de su martirio, como san Bartolomé y san Sebastián, que le dan pie a experimentar con el desnudo. También trató temas mitológicos y clásicos; y escenas de género, recientemente atribuidas a su mano tomadas tanto en el campo como en las calles de Nápoles.

Acróbatas en la cuerda floja, 1637-40

Muy atractivos de su obra como dibujante es su interés por la fealdad y las escenas de violencia. Cabezas de personajes grotescos o con enfermedades que le deforman el rostro, y escenas de tortura y ajusticiamiento que se producían en las calles de Nápoles. Finalmente, trató en sus dibujos una temática caricaturesca , fantástica y caprichosa, de iconografía misteriosa, más propios de otra época histórica. Llegó, de esta manera, a formar un corpus de dibujos con gran  variedad de técnicas y alto grado de acabado en algunos de ellos, que le muestran como un artista genial en esta disciplina.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Obras maestras de la arquitectura: El Templete de San Pedro in Montorio


Cualquier aficionado a la arquitectura que visite la ciudad de Roma para disfrutar de sus calles y edificios desde la antigüedad romana hasta la actualidad, no puede dejar de visitar una de las obras maestras de la Historia del Arte. Es un edificio pequeño que no se encuentra en la calle sino dentro del claustro del monasterio de San Pietro in Montorio al que se accede desde fuera. Se encuentra en el Ianicolo uno de los montes de la Ciudad Eterna donde se dice fue martirizado el santo. Fue patrocinado por los Reyes Católicos cuyos escudos se encuentran en el interior. La construcción y el diseño se pueden datar entre 1501 y 1510, y se pueden considerar el ejemplo más perfecto de la arquitectura renacentista del cinquecento, encargadas al arquitecto, Donato Bramante.


La elección de la planta centralizada no fue arbitraria por cuanto se relaciona con aquellos edificios, los martyria, destinados a conmemorar la muerte de un santo. Igualmente es el prototipo geométrico, el círculo, el que mejor expresa la tradición grecorromana según la idea de Vitruvio. Las proporciones humanas se inscriben en él y expresan de la mejor manera, la armonía del Universo. Por tanto, cielo y tierra, se conjugan especialmente bien en este edificio. También, el arquitecto, hace un uso preciso y profundamente clásico de los órdenes y los elementos arquitectónicos. El edificio se compone de una cella, de unos 4,5 metros de diámetro, rodeado de un peristilo de 16 columnas de orden toscano, sobre un podio que reposa a su vez en una escalera.


Las columnas sostienen un friso de triglifos y metopas decorados con relieves que aluden a los intrumentos del martirio de San Pedro y objetos de la liturgia cristiana. El conjunto se remata con una balaustrada que da paso al tambor que sostiene una cúpula nervada, caracterizado por nichos donde se irían a colocar estatuas. En todo el hermoso edificio se percibe el más alto nivel de las claves estéticas de la arquitectura clásica, proporción, armonía entre los elementos y belleza, donde la volumetría del peristilo da paso a un ritmo peculiar de las pilastras adosadas, las ventanas y las tres puertas adinteladas de la cella. El visitante al entrar se encuentra con dos altares, uno en el piso principal y otro en la cripta, a la cual se accede por una escalera en la parte trasera.


El Tempietto era una parte del diseño creado por Bramante porque tenía la intención de remodelar todo el patio del monasterio, que hubiera extendido el trazado circular a todo el espacio. Su prestigio como arquitecto que experimentaba dentro de las proporciones clásicas, le llevó a recibir el encargo del papa, Julio II de construir la nueva basílica de San Pedro del Vaticano en 1506.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Robert Capa en color

Espectadores en Longchamp, 1952
El Círculo de Bellas Artes de Madrid organiza la exposición, CAPA EN COLOR, sobre la obra del famoso fotoperiodista, con este tipo de película que él empezó a utilizar en 1938, pero con mayor asiduidad desde 1941. Hasta ese momento las guerras y la fotografía artística había sido en blanco y negro. El color era más caro y el revelado más lento lo que dificultaba el trabajo para las revistas. Sin embargo se llegó a acostumbrar a utilizar dos cámaras cada una con un tipo de película distinto. La exposición exhibe unas 150 instantáneas en color y tearsheets de las publicacines, junto con algunos documentos personales.

Picasso en Vallauris, 1948

El espectador puede disfrutar de imágenes en color de la Segunda Guerra Mundial, de las tropas aliadas que llegaban en barco al Norte de África, pero sobre todo, imágenes de un mundo de ocio donde aparecen celebridades de la realeza o del cine, modelos o personalidades de la cultura, o simplemente gente corriente o insólita de distintas partes del mundo. Era lo que pedían ciertas revistas de la posguerra para acercar a los lectores americanos o europeos otras imágenes de la sociedad en que vivían. Dejaba así atrás el reportaje de guerra, aquél que le había dado fama, pero no fue por mucho tiempo cuando se fue a cubrir el conflicto de Indochina, del cual aparecen algunas instantáneas, en los momentos previos a pisar una mina que le causaría su muerte.

Humphrey Bogard y Peter Lorre, Italia, 1953